martes, 5 de enero de 2016

Golazo de KyAnn Waters

—Bienvenido al vecindario.
La profunda voz del extraño ondeaba sobre la carne de Max Myers. – Gracias. –Usando su palma de la mano como visera contra el sol brillante de la tarde, entrecerró los ojos cuando el hombre se acercó. Zapatillas y calcetines dieron un paso más cerca de donde estaba sentado en su porche. Su mirada ascendiendo. El pelo rizado oscuro se arremolinó sobre las esculpidas pantorrillas. El hombre tenía las piernas de un ciclista. Duras, curtidas y largas como el infierno.

Pantalones cortos de baloncesto cabalgaban bajos en sus estrechas caderas. Una delgada franja de pelo dividía sus brillantes abdominales por debajo de la cintura. Dos músculos definidos marcaban su pelvis. La mirada de Max siguió la cresta y miró el montículo suave de la ingle del tipo.

Saliva se acumuló en la boca de Max. El hombre era caliente.


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